Jueves, 23 de octubre de 2008
La Sección de Logopedia de Clínica Universitaria de la UCV continúa con el “grupo de apoyo a padres de niños disléxicos”. El próximo día 31 de octubre a las 19,30 comenzarán las reuniones habituales del “Grupo de apoyo a padres de niños disléxicos” que se reúne habitualmente una vez cada mes, con el fin de asesorar a estas familias para facilitar una solución integral al problema de sus hijos.
El grupo está formado por unas veinte familias, y a él se pueden integrar voluntariamente y de forma gratuita cualquier familiar de niños con este problema.
La respuesta educativa y social a estos niños, además de involucrar a profesionales y al medio escolar, debe implicar a sus familias. Los padres deben recibir información sobre el problema de sus hijos y, además, instrucción acerca de los sistemas de estudio tutorizado e individual de los niños en el hogar. Se trata de conseguir que puedan ayudar a sus hijos, estudiando con ellos y no “contra ellos”, para que el retraso en la adquisición de los contenidos curriculares sea el mínimo posible. Carmen Rico, psicopedagoga y José Fco. Cervera, logopeda, de la Clínica Universitaria de la UCV asesoran a estas familias cada mes tratando de apoyar mediante un programa de información y formación para familias.
Durante el mes de noviembre la Clínica Universitaria ofrecerá un nuevo recurso para apoyo a los niños que padecen este problema. Se trata de un seminario mantenido en el tiempo para los profesores que tienen a alguno de estos niños en el aula y quieren recibir apoyo técnico y didáctico para entender y ayudar a estos niños. Este nuevo grupo se denominará “Seminario de apoyo a profesores de niños disléxicos”. Se reunirá una vez al mes y su objetivo será comprender el problema de estos niños y plantear estrategias educativas para el trabajo en el aula.
Para recibir más información y obtener la invitación para participar en ambos grupo se pueden dirigir a Carmen Rico (carmen.rico@ucv.es) o a José Fco. Cervera (josefran.cervera@ucv.es). El calendario de las reuniones se puede consultar en http//dislexia-ucv.blogspot.com y en http//dilexia-profesores-ucv.blogspot.com)
sábado 25 de octubre de 2008
NOTA DE PRENSA N1
30 de mayo de 2008
La dislexia afecta a un importante número de escolares. Aproximadamente el 4% de la población sufre esta dificultad específica para aprender el lenguaje escrito. Se manifiesta desde los primeros cursos de escolarización y, en ocasiones, la padecen varios miembros de la familia, generación tras generación. La evidencia de que tiene unas bases biológicas está cada vez más consolidada y admitida en la comunidad científica.
El niño disléxico es el “eterno aprendiz” que nunca alcanza de forma fácil el dominio del código escrito que sus compañeros consiguen en dos o tres años de educación primaria. La característica que está presente en todos estos niños es la dificultad para automatizar el código escrito: esa habilidad que nos permite a la mayoría de nosotros reconocer rápidamente las palabras habituales en un solo golpe de vista o que nos permite alcanzar niveles notables de velocidad y precisión al leer cualquier texto, incluso si su significado no es del todo accesible a nuestros conocimientos. Otros niveles de procesamiento de la información pueden estar afectados, pero las manifestaciones nucleares de este problema afectan a la velocidad y precisión al leer, a la escritura y la ortografía, y también a la comprensión de lo que se lee.
Aunque la dislexia sea un problema “de causa específica” -independiente hasta cierto punto de la inteligencia, de alteraciones sensoriales o de la personalidad- sus consecuencias no son específicas. El niño disléxico no aprende a leer y escribir tal como se espera de sus condiciones personales y ambientales pero, como consecuencia de ello, no aprende los contenidos de las materias escolares. A partir del tercer curso de educación primaria el lenguaje escrito no es el objeto de aprendizaje sino la herramienta principal para aprender. Los esfuerzos reiterados y mantenidos de un niño disléxico pueden estrellarse ante la evidencia de no alcanzar los niveles mínimos esperados. La desmoralización que conlleva, matizada por la personalidad y las circunstancias ambientales, suelen provocar el rechazo a lo escolar, la frustración, la apatía o la agresividad.
La respuesta social al problema debe implicar tres agentes: los especialistas que afrontan el problema específico de aprendizaje, los psicopedagogos -que deben conseguir que el medio escolar comprenda el problema y trate de proporcionar un apoyo técnico y social- y las familias -que pueden contribuir a impedir el retraso en los conocimientos y proporcionar un apoyo emocional imprescindible.
La Clínica Universitaria de la Universidad Católica de Valencia comienza este mes de mayo una iniciativa de apoyo a familias de niños disléxicos. Se trata de unas reuniones con estos padres para proporcionarles información y apoyo técnico para afrontar el problema. La función de los padres es fundamental en los aspectos emocionales del problema, pero también puede ser definitiva al moldear la forma de estudio y conseguir que las lagunas en conocimientos no hagan que el problema escolar de sus hijos sea imposible de resolver.
Para participar de forma libre y gratuita en estas reuniones es necesario ponerse en contacto con José Fco. Cervera, coordinador de la sección de Logopedia de la Clínica Universitaria de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir en la dirección de correo electrónico: josefran.cervera@ucv.es o contactar directamente con el teléfono de la clínica.
La dislexia afecta a un importante número de escolares. Aproximadamente el 4% de la población sufre esta dificultad específica para aprender el lenguaje escrito. Se manifiesta desde los primeros cursos de escolarización y, en ocasiones, la padecen varios miembros de la familia, generación tras generación. La evidencia de que tiene unas bases biológicas está cada vez más consolidada y admitida en la comunidad científica.
El niño disléxico es el “eterno aprendiz” que nunca alcanza de forma fácil el dominio del código escrito que sus compañeros consiguen en dos o tres años de educación primaria. La característica que está presente en todos estos niños es la dificultad para automatizar el código escrito: esa habilidad que nos permite a la mayoría de nosotros reconocer rápidamente las palabras habituales en un solo golpe de vista o que nos permite alcanzar niveles notables de velocidad y precisión al leer cualquier texto, incluso si su significado no es del todo accesible a nuestros conocimientos. Otros niveles de procesamiento de la información pueden estar afectados, pero las manifestaciones nucleares de este problema afectan a la velocidad y precisión al leer, a la escritura y la ortografía, y también a la comprensión de lo que se lee.
Aunque la dislexia sea un problema “de causa específica” -independiente hasta cierto punto de la inteligencia, de alteraciones sensoriales o de la personalidad- sus consecuencias no son específicas. El niño disléxico no aprende a leer y escribir tal como se espera de sus condiciones personales y ambientales pero, como consecuencia de ello, no aprende los contenidos de las materias escolares. A partir del tercer curso de educación primaria el lenguaje escrito no es el objeto de aprendizaje sino la herramienta principal para aprender. Los esfuerzos reiterados y mantenidos de un niño disléxico pueden estrellarse ante la evidencia de no alcanzar los niveles mínimos esperados. La desmoralización que conlleva, matizada por la personalidad y las circunstancias ambientales, suelen provocar el rechazo a lo escolar, la frustración, la apatía o la agresividad.
La respuesta social al problema debe implicar tres agentes: los especialistas que afrontan el problema específico de aprendizaje, los psicopedagogos -que deben conseguir que el medio escolar comprenda el problema y trate de proporcionar un apoyo técnico y social- y las familias -que pueden contribuir a impedir el retraso en los conocimientos y proporcionar un apoyo emocional imprescindible.
La Clínica Universitaria de la Universidad Católica de Valencia comienza este mes de mayo una iniciativa de apoyo a familias de niños disléxicos. Se trata de unas reuniones con estos padres para proporcionarles información y apoyo técnico para afrontar el problema. La función de los padres es fundamental en los aspectos emocionales del problema, pero también puede ser definitiva al moldear la forma de estudio y conseguir que las lagunas en conocimientos no hagan que el problema escolar de sus hijos sea imposible de resolver.
Para participar de forma libre y gratuita en estas reuniones es necesario ponerse en contacto con José Fco. Cervera, coordinador de la sección de Logopedia de la Clínica Universitaria de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir en la dirección de correo electrónico: josefran.cervera@ucv.es o contactar directamente con el teléfono de la clínica.
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